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Eloisa to Abelard

I n these deep solitudes and awful cells, Where heav'nly-pensive contemplation dwells, And ever-musing melancholy reigns; What means this tumult in a vestal's veins? Why rove my thoughts beyond this last retreat? Why feels my heart its long-forgotten heat? Yet, yet I love! — From Abelard it came, And Eloisa yet must kiss the name. Dear fatal name! rest ever unreveal'd, Nor pass these lips in holy silence seal'd. Hide it, my heart, within that close disguise, Where mix'd with God's, his lov'd idea lies: O write it not, my hand — the name appears Already written — wash it out, my tears! In vain lost Eloisa weeps and prays, Her heart still dictates, and her hand obeys. Relentless walls! whose darksome round contains Repentant sighs, and voluntary pains: Ye rugged rocks! which holy knees have worn; Ye grots and caverns shagg'd with horrid thorn! Shrines! where their vigils pale-ey'd virgins keep, And pitying saints, whose statues l...

Efecto V !! U.u !! by V...

Lo que leo...

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Algunos tienden a ver siempre el lado negro de las cosas; toda compasión por sí mismo les parece poca. Otros saben sonreír a los acontecimientos, son capaces de sacar optimismo del infortunio. Los primeros viven siempre bajo un cielo sombrío que presagia tormenta; Los segundos saben descubrir el brillo de las estrellas aun a través de los nubarrones más negros. Hay quien lucha con denuedo por engrandecerse , adquirir poder y riqueza. Y hay quien se propone dejar a su paso un mundo mejor del que se encontró al llegar. la nieve es una tumba fría en la que sepultan las más bellas ilusiones, donde se congelan los más caros ensueños. Para otros es una pista tersa por la que pueden deslizarse sin tropiezos, mientras gozan de su sedante blancura que palpita en nuestro interior. Todos tenemos ojos para ver brillar luz en medio de la tormenta. Todos somos capaces de enriquecer el patrimonio del género humano. ( Og Mandino)

SER FELIZ

SER FELIZ DE PAULO COHELO: Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano. En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida". Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean. Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado. Comprendió que para ser feliz...